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martes, 25 de febrero de 2014

En el nombre de la prosa

¡Saludos a todos! Aquí llega la Kristen, con nuevas locuras para saciar vuestro aburrimiento. En principio tenía pensado hablaros de los hombres a los que amé (entrada que lleva prometida ya unas dos semanas) pero hoy he decidido romper con el plan establecido y hacer una oda a los maestros de la prosa. No, no, tranquilos. Eso de enamorarse de dramaturgos y poetas es muy mainstream del siglo XVII. Yo os vengo a hablar de los rompecorazones del s.XXI, los profesores. Sí, habéis leído bien. Los teachers que dicen los anglosajones. Los lectores, maestros, doctores.


No os hagáis los inocentes. La vida está llena de clichés a lo largo del espinoso camino de rosas al que conduce el sentimiento que propaga Cupido. Que si chicos malos, que si el chico diferente de clase, que si la chica calladita, que si la animadora rubia… Bububu. Mucho está olvidado el cliché del profesor-alumna, y muy mal permítaseme decir. ¿Es que nadie ha caído en la cuenta de lo atrevido, excitante y potencialmente explosivo (en cuanto a ovarios y hormonas) que es este tipo de relaciones?


Vamos a ver, es una combinación perfecta. Me explico: él es un profesor, se tiene que encargar de que aprendas, poner interés en tu evolución, atenderte en todo lo que necesites… es un tío que nos va a hacer caso, sabe que existimos y que encima, sí o sí va a ser amable con nosotras (léase con entonación de flow de negra). Tanto de moda que están los chulitos de playa… chicas, ellos hacen putadas que sí percibimos. Los profes no. Los profes las puñaladas que te dan por la espalda son académicas o tan tan tan cultas que ni te enteras. 
Ejemplificación:
-Kristen, ¿te consideras partidaria del pensamiento propugnado por la Escuela de los Chicago Boys?
-No me atrevo a decir que sí, profesor.

Lo que en realidad ha ocurrido y yo no me he dado ni cuenta:
-Kristen ¿tienes algo de cultura hija mía?
-Puedo cambiar, profesor.

Además, también tenemos a nuestro favor el rol que ocupamos las chicas, la dulce alumna. La alumna siempre se escuda en su inocencia, en su falta de saber, en sus pocas experiencias… La alumna sabe que el profesor la toma por una niña y le demuestra que puede ser una mujer sin exponer sus intenciones de una forma demasiado directa. Ays, las Lolitas de Nabokov.
Todas las chicas hemos tenido ese  profesor. Mi caso particular es bastante pelandrusco peculiar, puesto que he tenido más de un profesor en mi vida.

Yo en clase de SB
Mi primera vez, la que nunca se olvida, fue en Bachillerato. Ya me habían hablado del sujeto que iba a impartirme una de las asignaturas de mi itinerario, advirtiéndome de que era bastante pícaro. Jo que si lo era.
Él conjugaba dos cosas: era un profesor estupendo y maravilloso a la par que un canalla cabrón. Si le caías bien, poco menos que te regalaba el cielo. Pero si le caías mal no había nada que pudieras hacer contra él, porque bitch please, he is awesome y siempre llevaría la razón contra ti. Le pasaba un poco eso del efecto gamba, quítale la cabeza y tienes una delicatesen, algo de lo que él era perfectamente consciente. Su cuerpo dejaba mudas a 9 de cada 10, y él se sacaba partido con camisas blancas ajustadas que marcaban su musculatura. Siempre se desabrochaba dos botones, para dejar libre su cuello y parte de su pecho, y cuando hacía la guardia en el recreo, siempre se ponía gafas de sol, para que nadie supiera donde miraba. Yo tuve la gran fortuna de ser su favorita, su Messi. La verdad es que eran otros tiempos, porque ahora soy una paquete, pero en mis años mozos era la empollona. Y no de las que hacen la pelota, sino de las que se lo ganaba con esfuerzo. Pero must say, con él me esforcé más. Lo hacía por él. Me encantaba cómo me halagaba, cómo se preocupaba por mí cuando me notaba decaída, cómo me ayudaba cuando yo se lo pedía o cuando ni siquiera hacía falta ir en su busca…  Podría decir que sí, que tuvimos una relación especial. Claro que para él era más afecto del común y para mí un completo y loco enamoramiento. Lo mejor era que le acompañaban historias oscuras detrás, pero a mí, más que avergonzarme, hasta me daban esperanzas. Cuantas veces soñé  con que hubiéramos tenido algo más que conversaciones  en su despacho.
Estúpido y sensual Indiana Jones


Volví a pecar de deseos impuros cuando ya, más mayorcita, entré en la Universidad. Entre sus muros y azulejos me topé con un hombre, bueno no, un HOMBRE, así, en mayúsculas mejor dicho, porque representaba todo eso que ya es raro de encontrar en los XY: elegancia, educación y cultura. Maestro en la ciencia del Derecho, siempre va con traje, con gafas que acentúan una mirada penetrante y que denotan que es un hombre inteligente. Su labia es perfecta, usa un vocabulario rico y goza de un tono de voz que no llega ni a grave ni a  agudo. Y lo mejor, es que es un chico bueno, pues su rama de especialización no es ni más ni menos que la salud. Y ya sabéis, tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Para mi infortunio, él tiene los tres. Sí, el que me jode es el último atributo. Nunca me ha dado clase, pero tuve el gusto de sentarme una vez a su lado en cafetería. Oh mi querido J, ¿cuántas veces habré imaginado nuestra escapada a los fiordos noruegos?

No muy lejos de su despacho, sin embargo, se encontraba alguien característico, mi síndrome de Estocolmo. En la escala de poder de la Universidad, este profesor era de los más altos. Cierta noche, soñé que quería algo más que palabras entre él y yo en su escritorio. Este si me daba clase, y os puedo decir, que por culpa de esa noche, le veo con ojos más… cómo decirlo…
                                     

Por último, él. Mi… robot. Budrobot. Hace unas semanas, al principio del actual cuatrimestre, temía la asignatura de Econometría, una batalla campal para mi cerebro, pues es evolución de Estadística. Y entonces llegó él. Su docente. Qué bombón, que muñeco.  Un 4x4 de músculos, con pelo rapado al uno, ojos castaños dulces, porque recuerdan a los de un ratoncito; y con una voz ronca, víctima de un resfriado (o de salir de noche según las malas lenguas) que usó para decir: “Hola, me llamo S____ B_____ y os voy a impartir esta asignatura”. Boom. Flechazo. Lleva un colgante, una pulsera y un anillo en el dedo pulgar, todos a juego, que le dan un look hippie y desenfadado, rebelde. Un indignado. Catalán que vivió en Madeira. Oh SB, eres ahora el centro de todas mis imaginaciones perversas.

SB, ¿qué tal si  hacemos usted y yo un final alternativo de "American Beauty"?
Si bien es cierto que no os he mencionado el inconveniente. Los profesores, como dije al principio, son unos rompecorazones. Nos hablarán, se acercarán a nosotras, nos ayudarán, hasta nos harán sentir especiales; pero nunca saldrán fuera de juego, siempre se quedarán ahí, en el límite de profesor y alumna. ¿Todas las fantasías que puedan insinuarnos indirectamente alguna vez? Meras fantasías, ya lo dice la palabra. Irrealizables y fruto de la imaginación.

Siempre están esas historias por ahí, esas que confirman que el famoso cliché puede desembocar en un auténtico idilio, y quien sabe, incluso algo más.

Soñar es gratis, así que, mientras pueda, hoy por  hoy voy a tener mucha dudas que resolver en privado de Econometría.

Sed buenos, que ya habéis tenido perversión para rato.

You know you love me
X.O.X.O

Kristen