No os hagáis los inocentes. La vida está llena de clichés a
lo largo del espinoso camino de rosas al que conduce el sentimiento que propaga
Cupido. Que si chicos malos, que si el chico diferente de clase, que si la
chica calladita, que si la animadora rubia… Bububu. Mucho está olvidado el
cliché del profesor-alumna, y muy mal permítaseme decir. ¿Es que nadie ha caído
en la cuenta de lo atrevido, excitante y potencialmente explosivo (en cuanto
a ovarios y hormonas) que es este tipo de relaciones?
Vamos a ver, es una combinación perfecta. Me explico: él es
un profesor, se tiene que encargar de que aprendas, poner interés en tu
evolución, atenderte en todo lo que necesites… es un tío que nos va a hacer
caso, sabe que existimos y que encima, sí o sí va a ser amable con nosotras (léase con entonación de flow de negra).
Tanto de moda que están los chulitos de playa… chicas, ellos hacen putadas que
sí percibimos. Los profes no. Los profes las puñaladas que te dan por la
espalda son académicas o tan tan tan cultas que ni te enteras.
Ejemplificación:
-Kristen, ¿te consideras partidaria del pensamiento
propugnado por la Escuela de los Chicago Boys?
-No me atrevo a decir que sí, profesor.
Lo que en realidad ha ocurrido y yo no me he dado ni cuenta:
-Kristen ¿tienes algo de cultura hija mía?
-Puedo cambiar, profesor.
Además, también tenemos a nuestro favor el rol que ocupamos las chicas, la
dulce alumna. La alumna siempre se escuda en su inocencia, en su falta
de saber, en sus pocas experiencias… La alumna sabe que el profesor la toma por
una niña y le demuestra que puede ser una mujer sin exponer sus intenciones de
una forma demasiado directa. Ays, las Lolitas de Nabokov.
Todas las chicas hemos tenido ese profesor. Mi caso
particular es bastante pelandrusco peculiar, puesto que he tenido más de
un profesor en mi vida.
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| Yo en clase de SB |
Mi primera vez, la que nunca se olvida, fue en Bachillerato.
Ya me habían hablado del sujeto que iba a impartirme una de las asignaturas de
mi itinerario, advirtiéndome de que era bastante pícaro. Jo que si lo era.
Él conjugaba dos cosas: era un profesor estupendo y
maravilloso a la par que un canalla cabrón. Si le caías bien, poco menos que te
regalaba el cielo. Pero si le caías mal no había nada que pudieras hacer contra
él, porque bitch please, he is awesome y
siempre llevaría la razón contra ti. Le pasaba un poco eso del efecto gamba,
quítale la cabeza y tienes una delicatesen, algo de lo que él era perfectamente
consciente. Su cuerpo dejaba mudas a 9 de cada 10, y él se sacaba partido con
camisas blancas ajustadas que marcaban su musculatura. Siempre se desabrochaba
dos botones, para dejar libre su cuello y parte de su pecho, y cuando hacía la
guardia en el recreo, siempre se ponía gafas de sol, para que nadie supiera
donde miraba. Yo tuve la gran fortuna de ser su favorita, su Messi. La verdad es que eran otros tiempos, porque
ahora soy una paquete, pero en mis años mozos era la empollona. Y no de las que
hacen la pelota, sino de las que se lo ganaba con esfuerzo. Pero must say, con él me esforcé más. Lo
hacía por él. Me encantaba cómo me halagaba, cómo se preocupaba por mí cuando
me notaba decaída, cómo me ayudaba cuando yo se lo pedía o cuando ni siquiera
hacía falta ir en su busca… Podría decir
que sí, que tuvimos una relación especial. Claro que para él era más afecto del
común y para mí un completo y loco enamoramiento. Lo mejor era que le
acompañaban historias oscuras detrás, pero a mí, más que avergonzarme, hasta me
daban esperanzas. Cuantas veces soñé con
que hubiéramos tenido algo más que conversaciones en su despacho.
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| Estúpido y sensual Indiana Jones |
Volví a pecar de deseos impuros cuando ya, más mayorcita,
entré en la Universidad. Entre sus muros y azulejos me topé con un hombre,
bueno no, un HOMBRE, así, en mayúsculas mejor dicho, porque representaba todo
eso que ya es raro de encontrar en los XY: elegancia, educación y cultura.
Maestro en la ciencia del Derecho, siempre va con traje, con gafas que acentúan
una mirada penetrante y que denotan que es un hombre inteligente. Su labia es
perfecta, usa un vocabulario rico y goza de un tono de voz que no llega ni a
grave ni a agudo. Y lo mejor, es que es
un chico bueno, pues su rama de especialización no es ni más ni menos que la
salud. Y ya sabéis, tres cosas hay en la
vida: salud, dinero y amor. Para mi infortunio, él tiene los tres. Sí,
el que me jode es el último atributo. Nunca me ha dado clase, pero tuve el
gusto de sentarme una vez a su lado en cafetería. Oh mi querido J, ¿cuántas veces habré imaginado
nuestra escapada a los fiordos noruegos?
No muy lejos de su despacho, sin embargo, se encontraba
alguien característico, mi síndrome de Estocolmo. En la escala de poder de la Universidad,
este profesor era de los más altos. Cierta noche, soñé que quería algo más que
palabras entre él y yo en su escritorio. Este si me daba clase, y os puedo
decir, que por culpa de esa noche, le veo con ojos más… cómo decirlo…
Por último, él. Mi…
robot. Budrobot. Hace unas semanas, al principio del actual cuatrimestre,
temía la asignatura de Econometría, una batalla campal para mi cerebro, pues es
evolución de Estadística. Y entonces llegó él. Su docente. Qué bombón, que
muñeco. Un 4x4 de músculos, con pelo
rapado al uno, ojos castaños dulces, porque recuerdan a los de un ratoncito; y
con una voz ronca, víctima de un resfriado (o de salir de noche según las malas
lenguas) que usó para decir: “Hola, me llamo S____ B_____ y os voy a impartir
esta asignatura”. Boom. Flechazo. Lleva
un colgante, una pulsera y un anillo en el dedo pulgar, todos a juego, que le
dan un look hippie y desenfadado, rebelde.
Un indignado. Catalán que vivió en Madeira. Oh SB, eres ahora el centro de
todas mis imaginaciones perversas.
Si bien es cierto que no os he mencionado el inconveniente.
Los profesores, como dije al principio, son unos rompecorazones. Nos hablarán,
se acercarán a nosotras, nos ayudarán, hasta nos harán sentir especiales; pero
nunca saldrán fuera de juego, siempre se quedarán ahí, en el límite de profesor
y alumna. ¿Todas las fantasías que puedan insinuarnos indirectamente alguna vez?
Meras fantasías, ya lo dice la palabra. Irrealizables y fruto de la
imaginación.
Siempre están esas historias por ahí, esas que confirman que
el famoso cliché puede desembocar en un auténtico idilio, y quien sabe, incluso
algo más.
Soñar es gratis, así que, mientras pueda, hoy por hoy voy a tener mucha dudas que resolver en privado de Econometría.
Sed buenos, que ya habéis tenido perversión para rato.
You know
you love me
X.O.X.O
Kristen





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